El pecado es un tema fundamental en la teología cristiana, y se puede clasificar en dos categorías: celestial y terrenal. El pecado celestial se refiere a la rebelión de los ángeles y la caída de Lucifer, mientras que el pecado terrenal se refiere a la desobediencia de la humanidad a Dios. En este artículo, exploraremos la naturaleza del pecado celestial y terrenal y su impacto en la creación.
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EL PECADO CELESTIAL Y TERRENAL
El
pecado es la transgresión de los preceptos establecidos por Dios; el pecado surgió en el cielo con la rebelión de
Lucifer y los ángeles que se pusieron a
favor de este; este acontecimiento probablemente surgió poco después de la
creación del hombre en la tierra ya que Lucifer o Satanás fue lanzado
juntamente con sus seguidores a la tierra y en donde hizo que el hombre
transgrediera los preceptos establecidos en la tierra. En el siguiente estudio
se presentan los comienzos del pecado celestial y terrenal.
El pecado de Adán y los
pecados nuestros
Ser
un pecador no depende de la clase o el tamaño de los pecados cometidos. Un
hombre roba una manzana y otro hombre roba mil dólares. Delante de Dios los dos
son culpables. No por robar una cosa grande o pequeña, sino
por robar. Cuando Dios nos dice una cosa y hacemos otra, lo que nos
aparta de Dios es el hecho que fuimos desobedientes. No nos engañemos, pues,
pensando que los pecados nuestros no son tan malos como los de otras personas.
Por tanto, aunque nuestro pecado parezca muy pequeño será suficiente para
apartarnos de nuestro Dios. El pecado de Adán y Eva cuando comieron del fruto
prohibido no parece importante en comparación con los pecados y crímenes graves
que se cometen en la actualidad. Sin embargo, su pecado bastó para separarlos
de Dios y traer sobre ellos y sobre su descendencia la condenación de muerte.
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